A su parecer encontrará banal colocar la definición de una palabra tan común y ordinaria como ídolo, todos la hemos usado más de alguna vez para referirnos a alguien admirable o a quien amamos platónicamente; no obstante, la definición ídolo, que partió como una calificación a los dioses aztecas, ha sido tan manoseada y prostituida que ahora hasta un grupo artificial adolescente de pop o el más engreído de un colegio puede lograr tan hermosa palabra.
¿A qué se debe la metamorfosis de ídolo? A mi parecer la ignorancia de todos aquellos que siguen a un personaje con fines de siutiquería y soberbia sobre una sociedad que realmente no sabe lo que quiere y lo que aspira. Todo ser que se siente atraído por una noche de juerga, litros de alcohol, uno que otro cigarro, un auto decente y un par de mujeres sedientas de sexo es más ignorante y bajo que cualquier indígena precolombino, puesto que estos nunca se nublaron de ostentaciones y la mirada de los demás, nunca tuvieron un ídolo al que seguir, ellos eran sólo ellos, ni más ni menos.
No fue aleatorio el tema que en estos momentos estoy juzgando, este último tiempo he estado rodeado de ídolos que no son ídolos, es difícil comprender que alguien puede llegar a ser alguien porque llama más la atención o porque su vida es más desenfrenada, ellos y sus seguidores necesitan urgente clases de filosofía, quizás existencialismo y un poco de metafísica, para que entiendan que la esencia de la vida no es el que dirán ni la mirada de los terceros, sino que todo se cultiva a través de la mirada interior, de la luz interior.
Es necesario hacer la mella entre un ídolo de verdad y un ser del que he estado hablando en estos momentos: un ídolo de verdad es aquel que no desea ser ídolo, es aquel que ha contribuido a un mejor vivir, es aquel que cree en sí mismo y no sigue a otras entidades, quizás deidades, pero nunca entidades. Por otro lado tenemos a estos animales habitantes de la selva de cemento y luces de neón, se caracterizan por ser mentirosos, ostentadores, soberbios, lectores de de Macchiavello (es metáfora, estoy seguro que nunca han escuchado siquiera su nombre), ya que para ellos el fin no justifica los medios. Estos ídolos de ellos mismos están muy ligados a lo que es ser siútico, el querer subir de estrato social de una manera simple y superficial, a través de amistades que son iguales o peores que ellos.
Estimado lector, si no quiere introducirse en este mar de pulpos ambiciosos, entienda que no es un círculo vicioso, sino más bien un remolino en medio del mar, una vez que entras es imposible salir, ya que los aires de fama y ser un ganador se impregnan en la piel de aquellos, que siempre querrán más. ¿Una solución? Lea mucho, estudie por su cuenta y no porque lo obligan, así podrá entender que en este mundo se vive solo, y no con la mirada de los terceros, que en realidad son la nada misma.
Jaime Ramírez
Decano de Fenómenos Sociales
Ins. de Crudeza Liberal Nacional
2 comentarios:
Y ellos, tienen algun seguidor en la vida real. Me parecería repulsivo. En realidad, siendo un poco cotidiano para dar el ejemplo: No es mejor el que se sostiene mejor con unos cuantos copetes... sino el que sabe tomar y cuanto tomar para quedar bien.
Saludos, de la facultad del lado. Es bastante "de litigante" tu estilo de columna :D!
El idolo si existiera,seria yo mismo. Uno lucha dia a dia contra las adversidades de la vida. No Britney spear ni Lady gaga... Puede que exista un agrado por su musica o una atencion por sus cualidades artisticas. Pero no un caracter intrinseco de Idolo,ni un amor exaltado por sus cualidades, ya que uno puede ser el mejor donde quiera, como quiera y con quien quiera.
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